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La reflexoterapia consiste en la conexión entre el sistema nervioso y los órganos internos. Se localizan en determinados puntos o zonas reflejas, que se encuentran en los pies, mapa reflejo de las estructuras orgánicas. La estimulación de las mismas produce una respuesta sobre distintos órganos, consiguiendo mejoras importantes sobre los sistemas y estructuras del cuerpo humano.

El
diagnóstico reflexoterápico se realiza con presiones sobre las zonas reflejas, detectando el órgano que esta bloqueado mediante alteraciones en la sensibilidad en la zona presionada. Una vez conocido el diagnóstico se trata por medio de técnicas de presión sobre las zonas microreflejas produciendo un aumento o liberación de energía, dependiendo del tipo de bloqueo. Esto va a conseguir el equilibrio necesario para el correcto funcionamiento de los órganos, tanto desde el punto preventivo como terapéutico, activando el sistema inmunológico y resolviendo el bloqueo.

La forma más común es la reflexología del pie. El reflexologo podal aplica presiones sobre el pie de una persona, el cuál presuntamente está dividido en un cierto número de zonas reflejas correspondiendo a todas las partes del cuerpo.
La reflexología surge hace poco más de 4000 años, en culturas tan antiguas como los Egipcios y los Chinos, Hipocrátes o los Incas.

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Esta práctica ha sido aplicada por los pueblos aborígenes de Norteamérica durante generaciones. Los Cherokees, desde hace siglos, han dado gran importancia a los pies para mantener un equilibrio físico, mental y espiritual. Masajearlos forma parte de una ceremonia sagrada, pues creen que los pies son nuestro contacto con la tierra y con las energías que fluyen a través de ella y además, por medio de ellos, el espíritu está vinculado con el universo. Ellos llaman "doncella de la luna" a la mujer que, desde su juventud, demuestra tener talento o instinto natural para la curación, por lo que es escogida por toda la tribu para que lo siga desarrollando a lo largo de su vida.

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La reflexología moderna nace esencialmente de los trabajos de principios del siglo XX llevados a cabo por dos americanos, los doctores William Fitzgerald y Eunice Ingham. Fue Fitzgerald quien propuso inicialmente la teoría de que el cuerpo humano se halla atravesado, en sentido longitudinal, por diez meridianos, que lo dividen en otras tantas zonas, cada una de ellas ocupada por determinados órganos cuyo “reflejo” se encuentra en áreas perfectamente definidas de los pies y de las manos.

Fitzgerald comenzó estas investigaciones en 1913 siendo medico Jefe del departamento de otorrinolaringología del St. Francis Hospital de Connecticut (EE.UU.) y las publico junto con el Dr. E.F.Bowers en 1917 en un libro titulado Zone Therapie (Zona terapia).
Otro médico, Dr. Joseph Shelby Riley que desarrollaba esta práctica hizo los diagramas y detalló los dibujos y la localización de los puntos reflejos en los pies.
El Dr. Riley entabló conversación con Eunice Ingham, una masajista americana que, a la postre, sería la creadora de la terapia reflexológica tal y como hoy la conocemos. Los resultados no pudieron ser más halagüeños puesto que los enfermos, en los que aplicaba sus conocimientos recién adquiridos, manifestaron unas reacciones óptimas en cuanto a reducción del dolor, mejora de movilidad y recuperación natural.

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Eunice Ingham abandonó su trabajo en el hospital para dedicarse por completo a la reflexología. Profundizó en su estudio escribiendo varios libros, entre ellos "Historias que los pies podrían contar", y confeccionó el primer mapa reflexológico con las correspondencias entre los órganos y entrañas con las distintas zonas plantares.
Eunice es considerada como la madre de la reflexología moderna.
Hay que mencionar que, sin la misma repercusión, ya en centroeuropa en el siglo XVI se pueden encontrar manuscritos con referencias a este tipo de terápia como el del Dr. Ball de Leipzig. Incluso en el ámbito anecdótico se sabe que el gran escultor y orfebre florentino Benvenuto Cellini se efectuaba fuertes presiones en pies y manos para aliviar los dolores que padecía.




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